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| Foto: Chris Owens/INDYCAR Media |
Por Eduardo Olmos (@EOlmos).
Dejé pasar una semana tras la
sucesión de eventos que ocurrieron en Fontana, principalmente porque hoy no hay
carrera de IndyCar y porque en domingo es cuando hay más visitas en el sitio,
pero no quería dejar de escribir tras la oleada de declaraciones y puntos de
vista que se generaron durante la semana. Se las presento.
Los puntos principales.
No puedo negar que la MAVTV 500
fue una de las carreras más emocionantes en óvalos de la categoría en los
últimos años, pero tampoco puedo negar que, durante las tres horas de
competencia, el riesgo de que ocurriera un accidente masivo no pudo faltar, por
lo que, como a muchos de ustedes les ocurrió, estuve con un grado importante de
preocupación.
Tampoco puedo culpar a los
aficionados, a quienes les encantó el estilo de carrera, la cantidad de rebases
generados y los ligeros golpes que tuvieron varios participantes; ante todo, ha
sido intermitente la aparición del espectáculo este año.
Pero no puedo dejar de defender
el punto de los pilotos que defendieron el estilo convencional de competencia,
en el que en función de lo deportivo, el enfoque está en la manejabilidad de
los autos, los cuales han sido difíciles de controlar en otros óvalos.
De igual forma, no puedo defender
el triunfo de Graham Rahal, no por su problemática detención en pits, ya que
las sanciones siempre se otorgan los miércoles posteriores, pero sí por su
peligrosa forma de manejar; técnicamente provocó el accidente de Castroneves,
al desestabilizarlo de su carril, y tuvo contactos con muchos rivales. Pero
tampoco puedo dejar de decir que Marco Andretti, Sage Karam y Takuma Sato también
manejaron de forma “aguerrida” durante el final. Así se ganan las carreras, y todos
se divirtieron durante el recorrido.
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| Foto: Chris Jones/INDYCAR Media |
El punto clave
Hice el experimento de ver la
carrera de la semana simultáneamente con la edición de la serie CART en el
mismo circuito en 2001, ya que desde las prácticas hubo algunas similitudes,
principalmente en el estilo de competencia, recordando que el récord de cambios
de liderato previo fue en ese mismo evento.
Hubo un piloto que incluso decía “Nadie
quiere ganar esta carrera”, la cual al final se la llevó Cristiano Da Matta por
muy poco sobre Max Papis antes de que, al igual que la semana pasada, terminara
bajo bandera amarilla por un accidente de Scott Dixon. Incluso, uno de los
reinicios de ambas pruebas fueron en la vuelta 168. En Internet está la prueba.
Pero una de las cuestiones principales
es que los autos eran más difíciles de manejar pero la competitividad era tan
buena como lo hemos visto desde que se introdujo el modelo DW12, es decir, que
se le daba prioridad a la potencia de los motores que a la aerodinámica, tema
de conversación que existe en NASCAR, Fórmula Uno y otras series, en estos
días.
Max Papis ha insistido en el tema
mediante su cuenta de Twitter, igual que Will Power y Rick Mears en público; si
ustedes alguna vez han leído al periodista Gordon Kirby, entenderían el dilema.
En el otro frente, Brad Keselowski ha opinado sobre la alta prioridad que se le
da a la cuestión del downforce, y por eso la Copa Sprint comenzó a hacer
cambios en sus autos a utilizarse en las próximas carreras.
Mientras el Gran Circo también comenzó
a reaccionar al respecto, es difícil que haya un cambio en la IndyCar, además
de por los costos, también por la tentativa que Derrick Walker ya tiene para
renovar los chassis para 2018, lo cual hipotéticamente incluiría un cambio en
la fórmula de motores.
¿Y cuál es la relación?
Por desgracia, esto es resultado
de toda la planeación tan pobre que ha tenido Mark Miles en cuanto al
calendario y sus daños colaterales: hacer un descanso de seis meses para que
los aero kits (que se habían anunciado desde finales de 2013, se aprobaran tres meses antes del inicio de la campaña y comenzaran a probarse en marzo) provocó que se sacaran los cambios de la
manga durante la clasificación para la Indy 500 y el morbo (más que
expectativa) se generara rumbo a la gran carrera, así como en los
óvalos subsecuentes.
Evidentemente no se hará un
cambio en los motores, pero un periodo de pruebas más extenso y cuidadosamente
planeado hubiera evitado el problema que han generado los autos (tres
Chevrolets que volaron en mayo más el Honda que despegó hace una semana y que
pocos lo notaron), así como el hecho de tener diez semanas consecutivas de
actividad, sin descanso, con un viaje incluido al extranjero, y con equipos con
autos que debían ser reparados contrarreloj.
Inconsistencias en el acomodo de
carreras como el del mismo sur de California, Milwaukee y Pocono tampoco ayudan
en función de la asistencia mediocre que han tenido en tiempos recientes, todo
por la necedad de acabar antes de agosto. Por fortuna, durante la semana
reconoció que este experimento no va a funcionar.
Sí, la temporada ha sido
competitiva y entretenida, independientemente de la rapidez de los coches de Penske,
pero no ha dejado de ser controvertida; a pesar de las quejas de Graham Rahal
sobre el hecho de que la gente, a pesar de tener una dramática jornada, sólo
resaltó lo negativo. Si todo este conjunto de errores de los organizadores no
aparecieran, quizá le daríamos un poco de razón.
Aunque no es lo apropiado, podemos
considerar esta campaña como una de “experimentación”, gracias a que habrá un
periodo de pruebas mucho, mucho más extenso cuando finalice la carrera de
Sonoma. Aunque varios eventos corren el riesgo de no volver en 2016 (Pocono,
Fontana y Milwaukee, para ser específicos), es necesario que el señor Miles, y
en especial Derrick Walker, quien es un hombre con vasta experiencia en autos
de carreras, comiencen a conciliar las peticiones de pilotos, aficionados y las de ellos mismos. Si no quieren críticas en público que resulten en multas secretas, entonces deben tener un consenso entre las tres partes.
Lo dijo Tony Kanaan en la
conferencia de prensa, en la que no sé si supieron, pero tuvo una discusión con
un reportero: No hay una respuesta para encontrar el equilibrio entre
espectáculo y esencia del deporte. La delgada línea entre la competición nata y el espectáculo, o el ridículo, sigue sin encontrarse, aún casi cuatro años después de
ese día. Es un dilema con difícil solución.






